Era el minuto 13 de partido cuando el traje negro de Simeone quedaba de nuevo achicharrado bajo el fuego de dragón. El Athletic, con un pie en la final de Sevilla por el 0-1 de la ida, plantaba ya los dos. No necesitó más que dos hermanos salieran a jugar con la pelota en su jardín y chao, Cholo. Dos hermanos y dos disparos a puerta. Pum, pum, otra Copa será, Simeone. En esta Valverde le apeó en la semifinal, triturándole en San Mamés como en la Liga y la ida en el Metropolitano. Convertido el Atlético en un guiñapo, arrebatándole su esencia, la rabia, un nivel mínimo en defensa, para dejarle en cueros bajo la lluvia en Bilbao. Bajo un frío cerviz. Y sin Griezmann. Y eso que los primeros 13 minutos otra historia parecía contarse. Hasta los Williams, en estos, parecieron menos Williams.
La sorpresa del Cholo era que estaba Nahuel y también Llorente para ocupar la parte izquierda (y pegarse a Sancet como un chicle) en un 4-4-2 que recuperaba como un amuleto de las grandes noches del primer Cholo. Pero estos no son los de entonces. Al primer embiste les salen grietas, se cuartea el cartón piedra y caen como una verdad demoledora. Este Atleti está a un mundo de Neptuno. Y eso que, con el dibujo de inicio, logró el Cholo desubicar de inicio a Valverde. Un Valverde que salía al partido frío, con Lekue haciendo de Yuri, y sin presionar tan arriba ni desarrollar del todo su juego. A cada paso que intentaba se estrellaba en una de las dos líneas de cuatro dispuestas por el Cholo. Con mejor tono y transiciones los de Madrid, con más precisión. El Atleti dominaba el balón mientras el Athletic lo perseguía. Simeone creía tener el partido donde quería, pero nada más lejos. San Mamés pronto se convertiría en una pesadilla.
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Los de Valverde ganan 3-0 al conjunto de Simeone. Los hermanos Williams una pesadilla para los colchoneros. Iñaki, Nico y Guruzeta, los goleadores. La final, contra el Mallorca en La Cartuja.
Los hermanos Williams solo tuvieron que correr una vez para poner la final de Sevilla a un gol más lejos del Atlético. Los del Cholo ya nunca volverían. A partir de ese momento en el partido solo habría leones entre fuego de dragón. La jugada fue un contragolpe rápido como esas cuchilladas mortales. Nico cabalgó para alcanzar la línea de fondo y sacarse un pincel: buscaba a su hermano, para que terminara la obra. Iñaki esperaba en el segundo palo con la bota cargada para disparar de volea mientras Hermoso (¿?) se agachaba. El central, por cierto, cuando acuda a pedir por su renovación no enseñará el vídeo de este partido. Fue un juguete ante el mayor de los Williams. El ratón con el que juega el león antes de zampárselo. Un desastre vestido de azul y blanco. Desde ese momento, salvo Lino, por sus carreras y actitud, sobre todo en la primera parte, allá donde Simeone mirara solo vería desastre.
Jugadores de hombros caídos, jugadores rotos, jugadores vencidos, con una delantera que no da ni para ser un cordón de una bota de Griezmann. Morata se había ido del partido nada más comenzar y Correa era simplemente uno menos. Dos balones tocó solo en la primera hora y los dos los estropeó. Uno, enviando a la luna un pase atrás de Morata. Otro, un control en el área a las manos de Agirrezabala como quien entrega un paquete de Amazon, amable. La pizarra de Valverde inundaba a la de Simeone. Con agua, jabón y un gol tras otro.
Más intenso, desde el minuto 13 lo del Athletic fue un monólogo agarrado a esas dos balas. Los Williams disfrutaban por su jardín llenándolo de muescas y fotos a Hermoso. Atrás guardaban Vivian y Paredes, en el centro Sancet se arrancaba a Llorente y comenzaba a girar, para bailar sobre la lluvia. La segunda vez que se presentaron ante Oblak se habían intercambiado los papeles. El mayor corría, el menor disparaba. La pelota se iba fuera, a un centímetro del palo como un dedo señalando. Volveré. Y lo hicieron, claro. Antes del descanso el Atlético estaba ya a tres goles de la final de Sevilla en una jugada en la que Iñaki le sirvió a Nico. Tanto monta, monta tanto. El mayor de los Williams corrió, tumbó a Hermoso y al llegar a la línea de fondo, pincel y pase a su hermano que solo ha de empujar a gol. La historia se repetía. Simeone en el día de la marmota en San Mamés, para delirio de la grada.
Cuando el partido regresó, la cholina se diluyó en lo que tardó el balón en comenzar a rodar. Una indisposición de un hincha en la grada lo detenía. Cuando a los cinco minutos el silbato del árbitro se escuchó, el Atleti ya no estaba. La segunda parte fue simple comparsa, ese papel a merced del viento viendo a futbolistas correr a su vera, tan lejos de esos leones que lo habían despedazado. Un despropósito, lejos, muy lejos de ese Atleti que había tumbado al Madrid en esta Copa que parecía tan lejos. Nico acarició el tercero nada más regresar el partido pero el disparo le salió centrado a las manos de Oblak. Enseguida lo hizo Sancet. El Athletic era un dragón con varias cabezas que no dejaría de lamer con su fuego los pies de Oblak. Fue Guruzeta quien lo logró a la hora, cuando Simeone ya había hecho un triple cambio para nada, para que Reinildo, Barrios y Memphis asistieran más de cerca al horror. O, más bien, a la heroica y la épica de este equipo que celebraba el pase a la final, el récord de asistencia en San Mamés y a ese entrenador, Ernesto Valverde, que convirtió a los leones en dragones. Honor, honor para el txingurri. El hombre que regresó a Bilbao para devolverle su fiereza. Y sacar lo mejor de los Williams y Sancet y Vivian y Guruzeta y todos los demás para llevar al Athletic a Sevilla. Mientras, el Cholo, se quedaba en la cuneta. Mirando fotos antiguas. Y un 4-0 en el costado.
Cambios
Reinildo (52′, Mario Hermoso), Memphis Depay (53′, Ángel Correa), Pablo Barrios (53′, Nahuel Molina), Saúl Ñíguez (64′, Koke), Dani García (67′, Íñigo Ruíz de Galarreta), Rodrigo Riquelme (71′, Samuel Lino), Unai Gómez (79′, Oihan Sancet), Alex Berenguer (79′, Iñaki Williams), Yeray Álvarez (88′, Óscar De Marcos), Raúl García (88′, Gorka Guruzeta)
Goles
1-0, 12′: Williams, 2-0, 41′: Nico Williams, 3-0, 60′: Guruzeta
Tarjetas
Arbitro: Juan Martínez Munuera
Arbitro VAR: Eduardo Prieto Iglesias, Íñigo Prieto López de Ceraín
Mario Hermoso (27′,Amarilla) Ruiz de Galarreta (39′,Amarilla) Muniain (47′,Amarilla) Lekue (65′,Amarilla) De Marcos (73′,Amarilla)
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